El orfanato estaba especialmente luminoso aquella tarde. El jardín, cuidado con esmero por las mismas niñas, mostraba flores recién regadas y pequeños dibujos hechos con tiza sobre el suelo del patio. Las risas infantiles llenaban el aire, mezclándose con el canto lejano de algunos pájaros que se posaban en los árboles del fondo.
Anna y Lissandro estaban sentados en una de las bancas de madera bajo la sombra de un jacarandá. Desde allí observaban a las cuatro pequeñas correr detrás de una pelot