ELIGIERON AL HERMANO EQUIVOCADO PADRES.
Pasaron los días y Leandro estaba en su departamento como una sombra encendida por dentro: furia, humillación y un orgullo hecho trizas. Había sido abandonado por su novia perfecta, además lo habían destituido, ridiculizado ante socios y familia; la idea de perderlo todo lo consumía como un fuego helado. Marcó un número con la voz tensa y ordenó con poca paciencia.
—Te necesito en mi departamento. Ahora.
Saúl llegó en minutos, respetuoso y atento, hallando a su jefe con la mirada clavada en un