Nuevas guardaespaldas

Pasaron los días, y Lissandro había terminado de fortificar el orfanato.
Al fin, Lucía se había mudado a la mansión.
Salió con Anna a comprar adornos y muebles para su nueva casa; Lucía brillaba de felicidad. Aun así, las seguían discretamente dos guardaespaldas de confianza de Lissandro:

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