Leandro sin aliento.
El patio se extendía como un jardín secreto preparado por los mismos ángeles. No era solo grande; era majestuoso. Las orquídeas blancas colgaban en cascadas delicadas desde estructuras invisibles, mezclándose con rosas en tonos marfil, champagne y rubor suave. Cada flor parecía colocada con una intención precisa, como si el amor mismo hubiese diseñado el lugar. El altar se alzaba al fondo, bajo un arco cubierto de flores que formaban una bóveda natural, enmarcando el cielo claro de la tarde. Un