Conociendo a Bastien.
La música cambió suavemente después del beso. Las luces descendieron apenas, creando un ambiente más íntimo, más dorado. En el centro del salón, bajo una enorme lámpara de cristal que proyectaba destellos cálidos sobre el mármol pulido, Leandro extendió la mano hacia Agatha con una sonrisa que aún llevaba la emoción de la ceremonia.
—¿Me concede este baile, señora San Marco?
Agatha entrelazó sus dedos con los de él, acercándose con elegancia.
—Solo si promete no pisarme, esposo mío.
Las primeras