El gran día llegó.
Ágatha estaba frente al espejo.
Sus manos temblaban ligeramente mientras observaba su reflejo, y sentía que el corazón se le iba a salir por la boca. No sabía si eran nervios, emoción o la mezcla explosiva de ambas cosas, pero le costaba respirar con normalidad. El vestido caía perfecto sobre su cuerpo, la tela abrazando cada curva con una elegancia que parecía hecha a medida de su historia.
Anna, Lucy, Luz e Isabella estaban a su alrededor, revisando el velo, acomodando el ramo y asegurándose