La tormenta llegó.
La semana pasó sin incidentes aparentes, envuelta en una calma que, aunque reconfortante, se sentía rara, como si la tormenta estuviera a punto de comenzar. Desde el ataque, la seguridad en la mansión San Marco se había reforzado al extremo, pero con el paso de los días, algunas rutinas comenzaron a acomodarse.
Camilo tomó oficialmente su lugar como guardaespaldas personal de Anna.
Para ella, aquello fue casi un alivio. De cierta manera, sentía que recuperaba un poco de libertad. Camilo no era