El sol de media mañana se filtraba por los ventanales del orfanato, tiñendo el aire con un tono cálido y tranquilo.
Los niños jugaban en el patio mientras el sonido de la fuente de agua resonaba a lo lejos.
Leandro San Marco cruzó el portón con paso firme y mirada altiva. Llevaba en una mano una carpeta de documentos y en la otra una sonrisa que mezclaba picardía y aburrimiento.
Había ido a dejar unos papeles a Laura, su empresa se haría socia del orfanato para donar algunos implementos, pero