La tarde caía sobre la ciudad, y el último rayo de sol se filtraba por las persianas de la consulta médica.
El sonido suave del monitor de escritorio era el único ruido que acompañaba a Isabella, sentada frente a una pila de estudios y tomografías.
Sus ojos recorrían las imágenes una y otra vez, buscando con obsesiva precisión cualquier variación mínima en los bordes del tumor.
Suspiró.
El tratamiento de Lucien estaba haciendo efecto, sí… pero no podía permitirse bajar la guardia.
Tocaron la pu