La mansión estaba en silencio. Anna estaba en la sala, hojeando distraída una revista cuando el teléfono fijo sonó. Se levantó enseguida para contestar.
—¿Señorita Kingsley? —la voz al otro lado sonaba preocupada—. Llamamos del orfanato. Tenemos un problema que necesita su presencia de inmediato.
El corazón de Anna dio un vuelco. Leandro le había mostrado la parte del testamento de Valentino donde le encargaba con todo el corazón su orfanato y sabía lo mucho que significaba ese lugar él, y sabí