En un paraje remoto, lejos de la ciudad, Leandro descendió del auto con paso seguro. Saúl lo esperaba en la entrada del viejo complejo y lo guió por un pasillo estrecho iluminado apenas por bombillas amarillentas, bajaron 3 niveles bajo el suelo mientras Leandro caminaba de manera fría pidiendo información.
—¿Cómo están? —preguntó Leandro sin girar la cabeza.
— Bien, están siendo alimentados aunque la mujer no ha dejado de luchar, el hombre por el contrario se mantiene calmado.
— ¿Cuantos son?