El sol apenas despertaba cuando Annabel sintió que la cama estaba vacía. Medio adormilada, vio a Lissandro junto al ventanal, ya vestido con pantalón oscuro y camisa. La silueta de él, tan imponente y segura, la hizo sonreír.
—¿Tan temprano? —preguntó, frotándose los ojos.
Él se giró y, con una leve sonrisa, se acercó a besarle la frente.
—Levántate, pequeña. Tengo una sorpresa para ti.
Ella apenas tuvo tiempo de preguntar antes de que la ayudara a vestirse y la guiara hasta el auto. El viaje f