El amanecer se filtraba por las cortinas, tiñendo la habitación con tonos dorados y rosados.
Anna abrió los ojos lentamente, con una sonrisa dibujada en los labios.
A su alrededor, el suelo y la cama seguían cubiertos de pétalos: algunos enredados en su cabello, otros reposando sobre la sábana blanca que cubría su piel.
Se incorporó despacio, envolviéndose con la tela de la sábana para cubrir su desnudez, y apoyó la espalda en el cabecero.
Sus ojos brillaban, recordando cada instante de la noch