Acércate a ella y te rompo la cara.
La lluvia había dado tregua, pero el cielo seguía cubierto de nubes pesadas. La casa de Lucía estaba en silencio. Anna dormía en la habitación de invitados, envuelta en una frazada, con el rostro cansado y aún húmedo de lágrimas. Había pasado la noche entera llorando, y solo el agotamiento la obligó a cerrar los ojos.
Lucía, en cambio, estaba despierta desde temprano. Había preparado café fuerte, porque sabía que la tormenta no había terminado. Miraba a su amiga dormir con el corazón encogido,