Entre vino blanco y tinto.
Evaluna entró a la habitación de Damon dudosa, todavía procesando que había aceptado la invitación.
Llevaba unos jeans rasgados que dejaban ver su piel bronceada, una blusa de arandelas ligera que le daba un aire juvenil y unas sandalias cómodas. Había querido vestirse sencillo, pero al verla, Damon sintió que brillaba más que cualquier mujer envuelta en lentejuelas.
Él, por su parte, estaba relajado: camisa beige arremangada y pantalones de tela oscuros. Nada ostentoso, nada preparado. Parecí