Evaluna cayó primero, totalmente rendida, con el cabello húmedo pegado a la frente y los labios aún entreabiertos. Damon apenas resistió un instante más antes de derrumbarse junto a ella, hundiendo el rostro en su cuello, agotado, con el cuerpo cubierto de sudor y el corazón golpeando como un tambor desbocado.
Ambos quedaron dormidos enredados, sin siquiera apartarse, con el aire pesado de la habitación impregnado de vino, sexo y deseo cumplido.
Mientras tanto, en la planta baja del resort, la