Montura suelta

La camioneta de Teresa se detuvo frente a la pequeña casa de los capataces.

Lancelot cayó sin decir nada, no quería ir a la mansión principal, no a esa hora. Tenía el rostro serio, cansado y su camisa arrugada. Teresa lo miró con un dejo de ternura y lástima. No le dió mucha mente a lo que sucedió, lo atribuyó a la bebida y el estrés, ella reconoce que es la intensa de la relación. Se inclinó sobre el asiento, sujetándolo de la nuca, y le dio un beso en la boca, un beso suave pero cargado de un
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