Dionisio estaba tambaleante, perdido entre la borrachera y el recuerdo de Lancelot. Cada roce de Xavier lo confundía; Por momentos creía sentir las manos de su verdadero deseo, y eso hacía que su corazón doliera más.
Xavier se inclinó sobre él, con cuidado pero firmeza, asegurándose de que Dionisio se mantuviera erguido. Su proximidad era abrumadora; el calor de su cuerpo y la intensidad de su mirada dejaban a Dionisio sin aliento.
—Shh… tranquilo, Dionisio —susurró Xavier, acariciando suavemen