Mundo de ficçãoIniciar sessãoEncerrada en el baño, Camelia se aferraba a sus rodillas, temiendo que en cualquier momento su padre irrumpiría y la obligaría a marcharse con él. Hasta que percibió la llegada de Ariel; por el repentino silencio que se hizo, lo supo. Había entrado con la llave que le había confiado. Se incorporó de inmediato y pegó el oído a la puerta para escuchar.
—Buenas tardes —saludó Ariel con voz serena—






