El taller de Florencia, antes un remanso de paz y creación, se había transformado en un centro de comando.
Sobre la mesa de roble donde solían descansar gemas preciosas, ahora se extendían carpetas de cuero con sellos notariales, mapas de seguridad y dispositivos de comunicación encriptados.
Seraphina se movía con una eficiencia gélida, seleccionando no solo las joyas que vestiría para su regreso, sino las armas legales que usaría para ejecutar su golpe final.
—Estos son los registros originale