El cielo sobre la capital estaba encapotado, como si la atmósfera misma contuviera el aliento ante el regreso de la mujer que un año atrás se había marchado como una sombra herida.
El jet privado de la red de Volkov descendió sobre la pista de la terminal ejecutiva con una suavidad que contrastaba con la violencia de las emociones que bullían en su interior.
Seraphina observó por la ventanilla cómo el asfalto se acercaba.
Su mano, adornada con un anillo de titanio y diamante negro de su propia