El aire en el sanctasanctórum de la fundición de la delegación de París se sentía como una masa sólida, asfixiante, saturada de las emanaciones ácidas del bórax, el rastro flotante del carbón activado y el calor abrasador de los hornos de inducción magnética.
El Gran Pabellón de Cristal se había vaciado de su público mundano para la ronda definitiva del Desafío de los Cinco Años.
Solo quedaban las cámaras de transmisión en alta definición que proyectaban el proceso molecular a las pantallas del