El ático del restaurante L'Étoile, ubicado en el último piso de una antigua torre de reloj restaurada, dominaba el distrito de diseño con una soberbia arquitectónica que desafiaba la gravedad.
El lugar había sido reservado en su totalidad para esa noche.
El aire estaba impregnado de una fragancia sutil a magnolias y cera de abejas, mientras que las luces de la ciudad
Filtradas a través de los inmensos vitrales ojivales, proyectaban destellos dorados y de color azul noche sobre las mesas de caob