El viento helado del mediodía silbaba entre las ramas desnudas de los robles del parque privado del ala médica.
Lo que debía ser un santuario de tregua para los mellizos se había transformado, en cuestión de minutos, en una emboscada brutal.
Azuzados por las filtraciones de Serena y la polémica fotografía del restaurante, un grupo de paparazzis y reporteros de la prensa rosa había burlado el perímetro de control secundario.
Detectando el cochecito doble donde descansaban Julian y Luvia bajo el