El reloj del Juzgado Tercero de Familia marcó las doce del mediodía, pero el mazo del magistrado no dictó la sentencia de disolución definitiva.
La declaración heroica y territorial que Alaric Blackwood había lanzado ante las cámaras de la ciudad en el parque del hospital privado había dinamitado por completo la viabilidad del trámite de mutuo acuerdo.
Con un líder de corporación afirmando públicamente que los menores eran de su propia estirpe y un equipo de inteligencia suizo radicando una sol