El Salón de Gala del Club Metropol de la alta sociedad del norte se había transformado en una vitrina de opulencia asfixiante.
Bajo las inmensas lámparas de cristal de Baccarat, cuyas luces arrancaban destellos irisados al mármol pulido y a los hilos de oro de los trajes sastre, se celebraba la primera ronda clasificatoria del Desafío de los Cinco Años.
Las firmas más tradicionales del distrito financiero exhibían sus piezas maestras dentro de urnas de vidrio blindado, rodeadas por un murmullo