65. FUERA DE MI CAMINO
LORD MARCUS
Cuando entré a la casa, Catalina me recibió en el vestíbulo. Había algo extraño en su rostro, un gesto breve, apenas perceptible, como si contuviera palabras que no podían salir mientras la sirvienta estuviera presente.
Una parte de mí se alegró, aunque no por la curiosidad. No, era otra clase de alegría, más instintiva. Esa parte mía que últimamente se encendía con solo mirarla. Mi esposa insípida, la muchacha callada y rígida que creí condenada a aburrirme toda la vida, había desa