El horizonte sangraba tonos púrpura y negro mientras Ysera descendía en picada hacia una fortaleza solitaria incrustada en las montañas. Desde el aire, la reconoció: era una de las ciudades ocultas del Reino de los Vampiros, antigua y bendecida por los pactos de sangre y niebla.
Al aterrizar, su aliento formó cristales en el aire gélido. Frente a ella, un grupo de centinelas vampíricos desenfundó sus armas, pero uno de ellos la reconoció.
—¡Alto! Es la emisaria dracónica. Drak la mencionó.
Fue