La mañana siguiente al cierre del tercer sello amaneció con un cielo gris, opaco, como si el mundo se negara a despertar del todo. El grupo recogió sus pertenencias en silencio. Aunque la noche había transcurrido sin ataques, el ambiente seguía cargado de una energía invisible y sofocante. Nadie se atrevía a hablar del ritual, ni de las sombras que los observaron. No aún.
Adelia se puso de pie con lentitud. Aunque su cuerpo aún estaba fatigado, su mente ya se enfocaba en lo siguiente.
—No podem