Esa noche durmieron ligeros. Algunos oyeron risas lejanas, otros sintieron manos invisibles acariciar sus rostros mientras dormían. Pero la piedra mantenía alejadas las verdaderas amenazas. Al amanecer, continuaron la marcha.
El tercer día fue más arduo. El terreno se volvió fangoso, las raíces sobresalían como trampas, y la humedad lo impregnaba todo. Vieron ruinas cubiertas de musgo, templos derrumbados de una era anterior a los reinos conocidos. Las runas en sus muros brillaban levemente cua