La habitación estaba en penumbras, iluminada apenas por el resplandor cálido del fuego de la chimenea. Afuera, el viento soplaba suave, haciendo crujir las ramas más altas del bosque que rodeaba el santuario. Dentro, el silencio era denso, íntimo. Adelia y Ethan habían regresado luego de la intensa jornada con el consejo, la estrategia y el entrenamiento. La batalla se acercaba y ambos lo sabían, por eso, esta noche era diferente.
Adelia apoyó su cabeza en el hombro de Ethan, abrazándolo por la