Después de una mañana oscurecida por las nubes, finalmente el sol se alzaba en el cielo como un faro de oro, coronando el santuario con su luz cálida y silenciosa. Ese día las torres del refugio estaban más vigiladas que nunca. Los centinelas, provenientes de diferentes razas y clanes, patrullaban sin descanso. Algo en el aire había cambiado: la tregua entre pueblos enemigos se había transformado en una alianza frágil, pero real y buscaban a más para unirse a la causa.
Adelia y Ethan salieron d