El castillo estaba en silencio.
Por primera vez en todo el día, podía escuchar únicamente el sonido del viento golpeando las ventanas.
Había sido una jornada larga.
Bandido había decidido que odiaba los cepillos.
Dos trabajadores habían discutido durante horas por una silla rota.
Y Rowan había pasado la mitad de la tarde siguiéndome por las caballerizas para demostrar que podía silbar peor que cualquier ser humano sobre la tierra.
Lo peor era que tenía razón.
Sonreí al recordarlo.
Luego