La lluvia no daba tregua.
Bandido avanzaba delante de nosotros con la tranquilidad de alguien que no acababa de provocar varias horas de caos en todo el reino.
Estaba empapada.
Cansada.
Cubierta de barro.
Y aun así no podía dejar de sonreír un poco.
Porque Bandido estaba bien.
Porque lo habíamos encontrado.
Porque aquella sensación horrible que había llevado en el pecho durante toda la tarde finalmente comenzaba a desaparecer.
Solté un suspiro.
—No vuelvas a hacer eso.
Bandido siguió caminando c