No dormí en lo absoluto.
Lo intenté.
De verdad lo intenté.
Me acomodé sobre un lado.
Luego sobre el otro.
Me cubrí con las mantas.
Las aparté.
Conté ovejas.
Conté estrellas.
Conté todas las razones por las que Asher era insoportable.
Nada funcionó.
Porque cada vez que cerraba los ojos, mi piel recordaba el calor de su cuerpo, su cercanía, la mirada puesta en mí en aquel pasillo.
Su maldito aroma amaderado parecía atrapado entre mis sábanas.
Me envolvía.
Y me daba rabia, porque una parte de mí h