El frío del mármol calaba mis rodillas desnudas, pero el verdadero hielo estaba en el ambiente de aquel salón.Mantenía la mirada fija en el suelo, obligándome a respirar despacio para que los guardias de la manada rival no notaran cuánto me temblaban las manos.Sabía perfectamente a lo que venía.Sabía exactamente lo que estaba entregando.Mi libertad.Apreté los puños sobre mis piernas para evitar que el miedo me dominara.A mi alrededor, decenas de ojos me observaban.Algunos con curiosidad.Otros con desprecio.Otros con una satisfacción que me revolvía el estómago.Era la omega de una manada derrotada.La hija de un alfa que ya no tenía poder suficiente para proteger a los suyos.Como parte del tratado de paz impuesto tras la guerra, nuestra manada debía entregar un rehén de sangre al Alfa vencedor. Era la garantía de que nunca volveríamos a levantarnos contra él.El sacrificio que mantenía con vida a mi familia.Tragué saliva.Pensé en mis hermanos.En sus rostros cuando me desp
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