Después del cumpleaños de Rowan...
El castillo parecía haber recuperado su ritmo habitual.
Los lobos volvieron a entrenar desde el amanecer.
Los cocineros discutían por el desayuno.
Y Rowan...
Bueno.
Rowan seguía siendo igual de insoportable que el día anterior.
Al parecer, su promesa de seguir molestando a todo el castillo durante los siguientes trescientos sesenta y cuatro días iba muy en serio.
Yo, en cambio...
Tenía la tarde libre.
Casi había olvidado lo que era sentirme una persona normal.