Bandido decidió aquella mañana que no quería cooperar.
Otra vez.
El enorme caballo movió la cabeza justo cuando intentaba ajustar una de las correas.
Provocando que casi recibiera un golpe en la cara.
—Algún día voy a convertirme en comida para caballos.
Murmuré.
Bandido resopló.
Completamente indiferente a mi sufrimiento.
—Gracias por tu preocupación.
El caballo volvió a ignorarme.
Como siempre.
—Creo que te tiene poco respeto.
Comentó Rowan.
Apareciendo detrás de mí.
Ni siquiera me molesté en