Hoy descubrí que las cocinas del castillo eran incluso más caóticas que las caballerizas.
Todo el mundo parecía correr de un lado a otro.
Había ollas hirviendo.
Verduras apiladas.
Bandejas entrando y saliendo constantemente.
Y órdenes que llegaban desde todas las direcciones.
Sorprendentemente, me gustaba.
Me mantenía ocupada.
Y cuando estaba ocupada, pensaba menos.
O al menos eso intentaba.
Aquella mañana estaba ayudando a preparar el desayuno para parte de la servidumbre.
Nada complicado.
Pan