Comenzaba a entender la rutina de las caballerizas.
Los caballos despertaban antes que el sol.
Los trabajadores también.
Y Bandido parecía convencido de que yo existía únicamente para traerle manzanas.
—Eres un aprovechado.
Bandido resopló.
Estaba bastante segura de que aquello había sido una respuesta.
—Eso pensé.
Le ofrecí otro trozo de manzana.
El enorme caballo la aceptó inmediatamente.
—Lo estás malcriando.
La voz de Rowan apareció detrás de mí.
Ni siquiera me molesté en voltear.
—Tú tambi