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CAPÍTULO 6 — La decisión de Helena

El automóvil desapareció entre las luces de Manhattan.

Helena permaneció inmóvil en la acera durante varios segundos.

La carpeta con la propuesta de Gabriel seguía entre sus manos.

Debería sentirse feliz.

Después de todo, aquella era exactamente la clase de oportunidad por la que muchas personas esperarían durante años.

Un empleo en una de las empresas más importantes de Nueva York.

Un salario capaz de cambiar su vida.

La posibilidad de dejar atrás la rutina de Eclipse.

Pero, en lugar de felicidad, sentía inquietud.

Porque aquella propuesta no trataba únicamente de trabajo.

También trataba de Gabriel Valença.

Y había algo en aquel hombre que todavía no lograba comprender.

Era educado.

Respetuoso.

Diferente de los hombres ricos que conocía cada noche en el club.

Pero también era alguien acostumbrado a tener el control de todo.

Personas.

Negocios.

Situaciones.

Y Helena no quería convertirse en una persona más dentro de su mundo.

Quería conquistar sus propias metas.

Con su propio esfuerzo.

Miró nuevamente la carpeta.

—¿Qué estás haciendo, Helena?

Cuando llegó al apartamento, Emma notó de inmediato que algo había cambiado.

—¿Conseguiste el trabajo?

Helena dejó el bolso sobre la mesa.

—Todavía no.

Emma frunció el ceño.

—Entonces, ¿por qué pareces alguien que acaba de salir de una reunión que cambió su vida?

Helena soltó una pequeña risa.

—Porque tal vez lo hizo.

Su amiga se acercó.

—¿Gabriel Valença?

Helena asintió.

—Me hizo una propuesta.

Emma tomó la carpeta.

Comenzó a leer.

Unos segundos después, levantó la mirada, sorprendida.

—Helena...

—Lo sé.

—Esta es una oportunidad enorme.

Helena se sentó en el sofá.

—Lo es.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

Ella permaneció en silencio.

—No quiero que piense que puede aparecer en mi vida y resolverlo todo.

Emma observó a su amiga.

Conocía aquella expresión.

Helena quería crecer.

Pero también quería sentir que cada logro le pertenecía.

—Tal vez no está intentando resolver tu vida.

—Entonces, ¿qué quiere?

Esa era una pregunta que Helena tampoco conseguía responder.

A la mañana siguiente tomó una decisión.

No aceptaría la propuesta de inmediato.

Primero necesitaba entender mejor quién era Gabriel Valença.

No solo el hombre de las revistas.

No solo el multimillonario.

Sino el hombre detrás del nombre.

Durante una pausa en el trabajo comenzó a investigar.

Pero esta vez no buscó únicamente números.

Buscó entrevistas.

Historias.

La forma en que dirigía su empresa.

Descubrió que Gabriel tenía una reputación complicada.

Era conocido por ser exigente.

Meticuloso.

Un hombre que rara vez se equivocaba en sus decisiones.

Algunas personas afirmaban que trabajar con él había sido una de las experiencias más difíciles de sus vidas.

Otras aseguraban que era el mejor líder que habían tenido.

Helena permaneció observando la pantalla.

Había algo contradictorio en él.

Las personas parecían temerle y respetarlo al mismo tiempo.

Al final de la tarde, su teléfono sonó.

Número desconocido.

Dudó unos segundos antes de responder.

—¿Hola?

—¿Helena Parker?

La voz de Gabriel hizo que su corazón se acelerara ligeramente.

—Sí.

—Espero no estar molestándote.

Estuvo a punto de sonreír.

Resultaba extraño que un hombre como Gabriel Valença preguntara algo así.

—No me molestas.

—Me gustaría saber si has pensado en la propuesta.

Helena caminó hacia una zona más tranquila del club.

—Lo he pensado.

Hubo un breve silencio.

—¿Y cuál es tu decisión?

Respiró profundamente.

—Quiero volver a hablar contigo.

Al otro lado de la línea hubo una pequeña pausa.

—Mañana, a las nueve.

—¿Dónde?

—En mi oficina.

Helena permaneció en silencio durante unos segundos.

—Gabriel.

—¿Sí?

—Antes que nada, quiero dejar algo claro.

—Te escucho.

—No voy a aceptar un trabajo solo porque eres rico.

El silencio se prolongó durante algunos segundos.

Entonces él respondió:

—No esperaría eso de ti.

La respuesta sorprendió a Helena.

Porque, de alguna manera, le creyó.

Al día siguiente, Helena entró en el edificio de Valença Global.

Esta vez no estaba allí como empleada de Eclipse.

Ni como invitada a una cena.

Estaba allí para tomar una decisión.

El edificio era aún más impresionante de lo que había imaginado.

Las personas caminaban con rapidez por los pasillos.

Las reuniones se desarrollaban por todas partes.

Era un mundo completamente diferente al suyo.

Pero Helena no bajó la cabeza.

No había llegado hasta allí por casualidad.

Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el último piso, Gabriel la estaba esperando.

Observó su postura.

Segura.

Determinada.

La misma mujer que había llamado su atención desde la primera noche.

—Viniste.

Helena salió del ascensor.

—Dije que vendría.

Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de él.

—Me gusta eso.

—¿Qué cosa?

—Las personas que cumplen lo que dicen.

Ella ignoró el comentario.

—Entonces hablemos.

Gabriel hizo un gesto para que entrara.

Pero antes de que pudiera explicarle la propuesta, su teléfono sonó.

La expresión de él cambió inmediatamente.

Helena lo notó.

Aquella no era una llamada cualquiera.

Gabriel respondió.

Escuchó en silencio.

Su rostro se volvió serio.

Muy serio.

—¿Estás seguro?

Hubo una pausa.

—No toquen nada.

Colgó.

Helena se puso alerta.

—¿Qué ocurrió?

Gabriel caminó hasta su escritorio.

Tomó varios documentos.

—Tenemos un problema dentro de la empresa.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué clase de problema?

Él miró los papeles.

Luego la miró a ella.

—Un problema que alguien intentó ocultar.

Helena guardó silencio.

Por primera vez comprendió que la propuesta de Gabriel Valença no era solamente una oportunidad profesional.

Había algo que no funcionaba dentro de aquel imperio.

Y, de alguna manera...

estaba a punto de convertirse en parte de ello.

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