Lo primero que Helena sintió al despertar fue dolor.
Mucho dolor.
Principalmente en la cabeza.
Abrió los ojos lentamente.
Y se arrepintió de inmediato.
La luz que entraba por los enormes ventanales parecía agresiva.
Cruel.
Innecesaria.
—Estoy viva.
murmuró.
—Técnicamente.
La voz hizo que Helena diera un pequeño salto.
Emma estaba sentada en un sillón cercano.
Llevaba una camiseta enorme.
Sostenía una taza de café.
Y la observaba como una madre decepcionada.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí?
—El sufic