El departamento estaba sumido en la penumbra, con solo la luz de la ciudad filtrándose por los ventanales. Valeria permanecía de pie, mirando hacia afuera, intentando ordenar sus pensamientos después del cóctel. La mezcla de celos, deseo y frustración seguía ardiendo en su pecho, y sabía que Adrian estaba detrás de ella, observando cada gesto, cada respiración.
—Valeria —dijo él, con voz baja, profunda, cargada de autoridad y deseo—. Cada vez que te alejas de mí, incluso por un segundo, siento