Astrea fue corriendo al baño, se miró al espejo y no pudo evitar que las lágrimas comenzaran a rodar por sus mejillas. Apretó los puños de una manera tan fuerte que enseguida se pusieron blancos.
«Justo lo que me faltaba, encontrarlo con otra chica», se dijo.
Era como un puñal que le atravesaba el corazón y el alma, sin treguas, ni contemplaciones. Entre su rechazo y aquella traición se sentía vacía, cerró los ojos.
«¡Qué no daría porque las cosas volvieran a ser como antes!», pensó.
Las cos