Mientras Kael la observaba alejarse, su cuerpo temblaba de ganas de ir detrás de ella.
«Te dije que no me gusta cuando usa ese aparato», replicó su lobo.
«¡J0d3r, Rau! ¡Ahora no!»
«Ve por ella, es nuestra», volvió a exigir.
«Aunque quiera no puedo hacerlo».
«¿No? ¡Eres un idiota!», expresó Rau molesto.
Sin embargo, Kael agradeció que lo dejara a solas por un momento.
Se dirigió de nuevo hacia la tienda, y enseguida la dependienta lo abordó.
—Señor, aquí está todo lo que me pidió…
—Falta l