Astrea se quedó en el sitio, puesto que la voz de Clarissa era inconfundible.
—No te atrevas a colgarme —le advirtió su amiga.
Ella dio un respiro, porque en ese momento recordó las primeras semanas fuera de la manada. Clarissa la llamaba todos los días, varias veces al día. Siempre le preguntaba en dónde estaba, qué estaba haciendo y si pensaba regresar a Silverpine. Las pocas veces que le respondió fue con evasivas, hasta que no volvió a contestarle, por el hecho de que se imaginaba que su