Kael dio un suspiro mientras acomodaba a Astrea a un lado de la cama como si fuera su tesoro más preciado, al estar conforme miró por la ventana y sonrió al ver el cielo en su tonalidad rosada, indicando que muy pronto amanecería. La toalla húmeda que tenía en sus manos olía a ella, negó con la cabeza. Durante la noche la había tomado tres veces y todavía estaba duro como una piedra.
La primera vez se asustó porque quedó laxa como una muñeca de trapo en sus brazos, y cuando salió de su cuerpo