—¿Qué haces aquí, Wayne? —Astrea se levantó de encima de él, y encendió la luz del pasillo.
—Esas no son las formas de recibir a un viejo amigo —se quejó el hombre aporreado— ¿Dónde c0jon3s aprendiste a luchar así?
Lo miró con los ojos entrecerrados, ya no confiaba en él como antes.
—Y estas no son maneras de entrar a la casa de tu vecino, ¿te hice una pregunta? —su voz contenía un grado de advertencia.
No lo quería cerca de ella, puesto que fue él, su vecino y al que una vez creyó que era s