73. TRATANDO DE MANTENER LA LUZ
Estoy con Noah en la clínica. Los rostros que me rodean están marcados por el dolor; aunque ya no hay lágrimas, puedo ver en sus miradas que el agotación ha suplantado al llanto. Hoy escucho más recriminaciones hacia Noah de las habituales; la familia de Mía es mucho más sensible, y aunque sé que están sufriendo, su reacción es injusta para con mi primo.
—Sé que me odian, eso es algo claro —escucho que por primera vez les contesta Noah—, pero no me importa; pueden insultarme todo lo que quieran