83. SIN CEREMONIA RELIGIOSA
Sophia observa absorta por la ventanilla del jet el extenso paisaje verde que rodea el lugar al que vamos.
—Nos dirigimos hacia aquella casa —me acerco para señalarle la hacienda.
Le daré un par de días, si veo que no le agrada, indagaré a dónde le gustaría ir y allí iremos.
—El lugar es hermoso —dice mientras camina con un gran bolso.
Cargo sus dos maletas, pues yo no tengo necesidad de traer equipaje a este sitio.
—Y eso que aún no has visto nada —digo pensando en el hermoso anochecer con una